Lagunas de Lauricocha: La desidia estatal ignora alerta de INAIGEM sobre lagunas glaciares con riesgo «muy alto» de desbordes
La cordillera peruana, majestuosa y vulnerable, vuelve a ser escenario de una advertencia que, de ser ignorada, podría significar una nueva tragedia para sus comunidades. El Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) ha lanzado una alerta contundente: 58 lagunas glaciares en seis regiones del país presentan un «riesgo muy alto» de desborde. Entre ellas, en Huánuco, destaca la laguna Gangrajanca, un nombre que evoca el fantasma de un desastre pasado que la desidia oficial no supo prevenir.
Esta grave advertencia se difundió durante el Foro Gestión del Riesgo y Cambio Climático en la Cordillera Blanca, celebrado en mayo de 2024, donde se presentó la «Evaluación nacional de lagunas glaciares con riesgo de desborde 2024». Sin embargo, según Domingo Baldeón Santacruz, docente y reconocido poblador del distrito de Queropalca, la capitalina, esta voz de alarma no ha encontrado el eco necesario en las autoridades de Huánuco, quienes parecen sumidas en la misma inercia que marcó el preludio de desastres anteriores.
El informe de INAIGEM, un documento crucial para la gestión del riesgo de desastres en un país tan expuesto al cambio climático como el Perú, no detalla las otras tres lagunas de Huánuco que comparten el rango de «muy alto riesgo», pero la mención de Gangrajanca es suficiente para encender todas las alarmas. Y es que, para Baldeón, la historia de Gangrajanca es una dolorosa lección que las autoridades se empeñan en no aprender.
Remontándose a 1997, Baldeón, entonces corresponsal del noticiero de Radio Ondas del Huallaga, ya alertaba sobre el peligro inminente de desborde de Gangrajanca. Sus advertencias cayeron en saco roto. Un año después, el 22 de octubre de 1998, la laguna cumplió la ominosa profecía. Contrario a la creencia popular de una avalancha del nevado Siula, el desborde fue provocado por la explosión de nieve fósil en su interior. Las consecuencias fueron devastadoras: el caudal del río Carhuacocha se disparó, originando un aluvión que arrasó aproximadamente un tercio de las viviendas en la capital distrital de Queropalca, dejando a su paso destrucción y desolación. La repetición de este patrón de negligencia y posterior lamento es inaceptable.
Hoy, la historia parece a punto de repetirse. Baldeón, desde su experiencia empírica y conocimiento profundo del territorio, señala que las lagunas Quesillococha y Chaclanca, ubicadas en la provincia de Lauricocha, también exhiben condiciones de riesgo de desborde. De las 31 lagunas registradas en esta zona, tres ya han sido clasificadas en el crítico rango de «muy alto riesgo», lo que amplía la amenaza más allá de Queropalca y exige una respuesta multisectorial y urgente.
La urgencia del llamado no es un capricho. Baldeón y el INAIGEM convergen en una misma preocupación: el cambio climático está acelerando a pasos agigantados el retroceso glaciar en los Andes. Este fenómeno no solo redibuja el paisaje montañoso, sino que genera nuevas y crecientes lagunas con un potencial devastador de desborde, aumentando la probabilidad de aluviones que pueden borrar del mapa comunidades enteras. La prevención no es una opción, es una obligación moral y política.
La «Evaluación nacional de lagunas glaciares con riesgo de desborde 2024» no es solo un informe técnico; es un ultimátum a las autoridades. La repetición de la indiferencia ante la inminencia de un desastre, especialmente después de tragedias pasadas, no solo es una irresponsabilidad, sino una afrenta a la vida y el patrimonio de los peruanos que habitan estas zonas de alto riesgo. Es imperativo que el Gobierno Regional de Huánuco y las municipalidades de Lauricocha y Queropalca, junto al gobierno central, asuman su rol de protectores del pueblo y actúen de inmediato, antes de que el lamento por las «lecciones no aprendidas» se convierta, una vez más, en el eco de una tragedia evitable. La memoria de 1998 en Queropalca debe servir como un recordatorio constante de lo que sucede cuando se ignora el clamor de la tierra y la voz de quienes la conocen.
