La desidia golpea la educación en Huánuco: Fuerte temporal desnuda la precariedad de colegios rurales
El reciente embate de fuertes vientos en la región Huánuco ha vuelto a poner en evidencia la crónica vulnerabilidad de la infraestructura educativa, especialmente en las zonas rurales del país. El techo del local educativo N°32974, de nivel primaria, ubicado en el centro poblado de Maray Huajag, en el distrito de Santa María del Valle, provincia de Huánuco, fue completamente arrancado por el temporal, dejando una vez más a la comunidad educativa en la incertidumbre y clamando por una atención efectiva.
Aunque milagrosamente no se registraron daños humanos, la estructura del plantel sufrió severos deterioros, sumándose a la ya extensa lista de instituciones educativas huanuqueñas que, año tras año, son afectadas por las inclemencias del clima. Este incidente no es un caso aislado, sino un síntoma recurrente de una problemática mayor: la precaria condición de los colegios en la región y la aparente falta de una política integral de prevención, mantenimiento y reconstrucción con enfoque de resiliencia por parte de las autoridades competentes.
La Unidad de Gestión Educativa Local (Ugel) Huánuco ha informado que se comunicó con la dirección del colegio para brindar orientaciones sobre la aplicación de la Ficha de Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades del Sector Educación (EDANSE). Si bien este procedimiento es un paso formal para cuantificar la afectación, para muchas familias y docentes en Maray Huajag, un centro poblado con recursos limitados, representa una respuesta tardía a un problema predecible. La solicitud de apoyo a las autoridades locales y regionales para la provisión de materiales básicos como calaminas, listones y utensilios, subraya la ausencia de presupuestos de contingencia y la dependencia de la reacción ante la emergencia, en lugar de una planificación robusta y proactiva para la gestión del riesgo de desastres.
La presencia del coordinador del Programa Presupuestal de Reducción de la Vulnerabilidad y Atención de Emergencias por Desastres (PREVAED) de la Ugel Huánuco, que tiene conocimiento del hecho, plantea serios interrogantes sobre la efectividad de los programas de prevención. ¿Qué acciones concretas se han tomado para asegurar la resistencia de estas estructuras ante fenómenos climáticos recurrentes, especialmente en una región con alta exposición? La comunidad educativa de Maray Huajag, como muchas otras en el interior del país, merece respuestas y, sobre todo, infraestructuras dignas y seguras que garanticen el derecho a una educación de calidad sin interrupciones ni riesgos.
Este suceso en Maray Huajag es un llamado de atención urgente a los gobiernos locales y al Gobierno Regional de Huánuco para ir más allá de la mera evaluación de daños. Es imperativo priorizar la inversión en mantenimiento preventivo, en la reconstrucción de infraestructuras con criterios de resiliencia y en una gestión del riesgo que anticipe y no solo reaccione a los embates de la naturaleza, cuya frecuencia e intensidad se ven acentuadas por el cambio climático. La educación de miles de niños y adolescentes peruanos no puede seguir a merced del viento y la desidia institucional.
