Escalada de tensión: Trump amenaza con ataques terrestres en Venezuela bajo el manto de la lucha antidrogas

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Las alarmas de la geopolítica regional se han encendido tras las recientes y reiteradas declaraciones del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien advirtió que los «ataques» contra supuestos cárteles del narcotráfico dentro del territorio venezolano comenzarían «muy pronto». Este pronunciamiento no solo eleva la ya tensa relación bilateral, sino que plantea serias interrogantes sobre la soberanía de los estados latinoamericanos y la instrumentalización de la lucha antidrogas para fines políticos.

Desde la Casa Blanca, Trump manifestó con contundencia que las operaciones terrestres serían una extensión lógica de las incursiones navales ya realizadas en el Caribe. «En tierra es mucho más fácil. Conocemos las rutas que toman. Lo sabemos todo sobre ellos. Sabemos dónde viven. Sabemos dónde viven los malos. Y vamos a empezar con eso también muy pronto», sentenció el mandatario, sugiriendo un conocimiento detallado de las redes criminales en Venezuela y preparando el terreno para una posible acción militar unilateral.

La amenaza no se circunscribe únicamente a Venezuela. Trump extendió su advertencia al afirmar que cualquier país que produzca y trafique droga hacia Estados Unidos «está sujeto a ataques», incluso deslizando la posibilidad de incluir a Colombia en estas operaciones terrestres. Esta declaración genera una profunda preocupación en la región, ya que implica un desafío directo a la soberanía nacional de cualquier estado que, según la perspectiva de Washington, no controle eficazmente el narcotráfico. La política de «puerta giratoria» de la Casa Blanca, que alterna entre el diálogo y la confrontación, mantiene en vilo a las cancillerías del continente.

Estas declaraciones se producen en un contexto marcado por previas operaciones navales estadounidenses en el Caribe, las cuales ya habían generado controversia. Pete Hegseth, figura mediática cercana a la administración republicana, había anticipado que el Pentágono «apenas ha comenzado a atacar barcos narcotraficantes», haciendo referencia a una polémica orden que habría permitido «rematar a supervivientes» de bombardeos sobre presuntas narcolanchas en septiembre pasado. «Hemos comenzado a atacar barcos narcotraficantes y a arrojar a los narcoterroristas al fondo del océano porque han estado envenenando al pueblo estadounidense», declaró Hegseth, justificando las acciones como parte de la estrategia para combatir organizaciones designadas como terroristas.

Entre los grupos señalados por la Casa Blanca se encuentran el «Tren de Aragua» y el «Cartel de los Soles», este último vinculado a altos funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro. La designación de estas entidades como «grupos terroristas de origen venezolano» forma parte de la estrategia estadounidense de presión máxima sobre Caracas, mezclando la lucha contra el narcotráfico con la deslegitimación del régimen. Sin embargo, para la mayoría de las naciones en la región, la idea de ataques militares unilaterales en territorio soberano, bajo cualquier pretexto, es una afrenta directa al derecho internacional y un peligroso precedente que podría desestabilizar aún más un continente ya convulso.

La perspectiva de un Perú crítico y profesional se centra en la defensa de la soberanía y el respeto irrestricto al derecho internacional. Las amenazas de Trump, aunque dirigidas a Venezuela, reverberan en toda América Latina, reviviendo el fantasma de intervenciones extranjeras y cuestionando la autonomía de sus pueblos. La lucha contra el narcotráfico es una tarea conjunta y coordinada que exige cooperación multilateral, no incursiones unilaterales que pongan en riesgo la paz y la estabilidad regional. La comunidad internacional, y en particular los organismos regionales como la OEA, tienen el imperativo de pronunciarse ante un escenario que podría desencadenar consecuencias imprevisibles y lamentables para todo el hemisferio.

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