Magaly Medina capitaliza la cumbia como tribuna para el drama mediático
El reciente trigésimo primer aniversario de la orquesta La Bella Luz, celebrado en el Parque Lloque Yupanqui del distrito de Los Olivos, trascendió la mera conmemoración musical para convertirse en una nueva plataforma para el espectáculo mediático que Magaly Medina, con maestría, orquesta en el Perú. Acompañada de María Pía Copello en el rol de «madrinas», la conductora de ATV no solo se sumergió en el fervor de la cumbia popular, sino que, fiel a su estilo incisivo, aprovechó la masiva convocatoria para enviar un directo y punzante mensaje a Christian Cueva, reafirmando su rol central en la fábrica de narrativas de escándalo del país.
La Bella Luz, una de las agrupaciones emblemáticas de la cumbia peruana con una trayectoria consolidada, experimentó un particular resurgimiento en su popularidad gracias a la inesperada intervención del futbolista Christian Cueva. Su interpretación improvisada del tema ‘Niña Tonta’ no solo se viralizó en redes sociales, sino que inyectó una nueva energía y un alcance masivo a la orquesta, demostrando el poder de la conexión entre figuras públicas de diversos ámbitos y las expresiones culturales de arraigo popular. Este fenómeno ilustra cómo la coyuntura del entretenimiento y el deporte puede, de manera orgánica o inducida, reconfigurar el panorama de la música masiva y el consumo cultural.
Es en este escenario de confluencia cultural y mediática donde Magaly Medina despliega su estrategia habitual. Su presencia como «madrina» en un evento de esta magnitud no es un gesto baladí; es, en gran medida, una jugada calculada para anclar su figura y la narrativa de su programa en el pulso de la cultura popular más masiva. Medina, conocida por su incisiva cobertura de la farándula nacional y su habilidad para construir y deconstruir imágenes públicas, encuentra en eventos como este una oportunidad para extender su influencia más allá de las pantallas de televisión. La ovación del público y la interacción con una orquesta que goza de gran arraigo le otorgan una validación y una conexión con un segmento de la audiencia que a menudo consume tanto el drama de los famosos como los vibrantes ritmos tropicales.
El punto álgido de su intervención llegó con la explícita provocación a Christian Cueva, una figura perennemente bajo el escrutinio de la prensa de espectáculos. «¿Quién lo diría? Ahora yo, madrina de La Bella Luz. Hay que decirle: ‘Cuevita, ¿cómo te quedó el ojo?’», sentenció Medina, remarcando la ironía de su nuevo estatus en relación con la figura del futbolista. Este «recadito», lejos de ser un comentario espontáneo, funciona como una coda a la extensa saga de la vida amorosa del deportista y su mediática relación con Pamela Franco, a quien Medina también aludió indirectamente con la frase «una tonta en su vida». La conductora, de esta forma, se posiciona una vez más como la fiscal de la moralidad pública en el espectáculo, utilizando el megáfono de la cumbia para lanzar sus dardos y consolidar su narrativa. Este episodio subraya cómo el periodismo de espectáculos en Perú a menudo traspasa los límites de la información para inmiscuirse en la vida privada de los personajes, explotando el morbo y la intriga para mantener cautiva a su audiencia.
La simbiosis entre figuras televisivas de alto perfil y la música popular, en particular la cumbia, es un fenómeno recurrente en la sociedad peruana. María Pía Copello y Magaly Medina, al bailar ‘Coqueta’ y otros clásicos, no solo conectan con la audiencia de La Bella Luz, sino que también, en cierto modo, validan y elevan la cumbia a un estatus de entretenimiento transversal. No obstante, la afirmación de Medina al cierre del evento – «Ya quisiéramos Pía y yo tener este tipo de público día a día en nuestros programas. Los amamos. Gracias, Bella Luz, por hacernos parte de su celebración” – revela una verdad subyacente: el poder convocante de la música popular en vivo, capaz de superar en impacto y adhesión a los formatos televisivos tradicionales. Es un reconocimiento de dónde reside una parte sustancial del verdadero poder de convocatoria en el país y una lección sobre la búsqueda constante de relevancia en un ecosistema mediático en constante evolución.
En definitiva, la participación de Magaly Medina en el aniversario de La Bella Luz trasciende el mero evento musical. Se erige como un ejemplo paradigmático de la instrumentalización de la cultura popular y el drama mediático para fines de relevancia y consolidación de marcas personales en el competitivo panorama del entretenimiento peruano. La cumbia, antes marginalizada o subestimada por ciertos sectores, se convierte hoy en un escenario vibrante donde se negocian la fama, el escándalo y el poder de la narrativa televisiva.

