Elecciones Hondureñas 2025: Entre la sombra de Trump, la herencia de JOH y la encrucijada de la Democracia

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Honduras se encuentra nuevamente ante una encrucijada crucial, con más de seis millones de ciudadanos convocados a las urnas este domingo para decidir el derrotero político de una nación históricamente marcada por la fragilidad institucional y las convulsiones sociales. Las elecciones generales de 2025 no solo definirán si el partido Libertad y Refundación (Libre), de izquierda, logra perpetuarse en el poder tras el mandato de Xiomara Castro, sino que también pondrán a prueba la resiliencia de un sistema político en pugna entre la continuidad progresista y el anhelo de retorno del bipartidismo tradicional, todo ello bajo la inusual sombra de una injerencia externa directa desde Washington.

Desde las 07:00 hora local (13:00 GMT), los consejeros del Consejo Nacional Electoral (CNE), Ana Paola Hall y Marlon Ochoa, declararon formalmente abierta una jornada electoral que se perfila como una de las más polarizadas de las últimas décadas. En la cúspide de la contienda se alzan tres figuras prominentes: Rixi Moncada, la abanderada de la izquierda oficialista; Nasry Asfura, el postulante de la derecha tradicional, y Salvador Nasralla, una figura que busca por cuarta vez el sillón presidencial con un discurso anticorrupción que ha demostrado ser tan volátil como persistente.

Rixi Moncada: La Apuesta por la Continuidad y la «Democratización»
La figura de Rixi Moncada (1965), abogada y con una vasta experiencia en la administración pública, personifica la propuesta de continuidad del proyecto de Libre. Habiendo ocupado carteras clave como Trabajo, Finanzas y Defensa —siendo la primera mujer en este último cargo—, Moncada emerge como la heredera política de la presidenta Xiomara Castro y su esposo, el expresidente Manuel Zelaya, de quien fue funcionaria en el Partido Liberal antes de cofundar Libre en 2011. Su plataforma, centrada en un «estado activo» para corregir fallas de mercado, reducir desigualdades y fomentar una «democratización de la economía» mediante créditos, industria verde e inversión en ciencia y tecnología, representa una clara adhesión a postulados de izquierda. No obstante, su candidatura ha sido objeto de una inusitada y contundente crítica por parte del expresidente estadounidense Donald Trump, quien la ha tildado de «comunista», intentando descalificarla ante el electorado hondureño.

Nasry Asfura: El Candidato de Trump y el Lastre del Partido Nacional
Del otro lado del espectro político se erige Nasry Asfura (1958), conocido popularmente como «Papi a la orden», quien busca por segunda vez la presidencia bajo la bandera del conservador Partido Nacional. Exalcalde de Tegucigalpa durante dos periodos consecutivos (2014-2022) y con una trayectoria consolidada en la industria de la construcción, Asfura aspira a devolver al poder a una formación política que arrastra un pesado historial de señalamientos. El Partido Nacional gobernó Honduras por tres periodos ininterrumpidos (2010-2022), marcados por múltiples denuncias de corrupción y narcotráfico que culminaron con la extradición y condena en Estados Unidos del expresidente Juan Orlando Hernández a 45 años de cárcel. A pesar de este lastre, Asfura cuenta con el apoyo explícito de Donald Trump, quien lo ha calificado como el «único verdadero amigo de la libertad en Honduras», instando a votar por él para «luchar contra los narco-comunistas» y contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, una injerencia que añade una capa de complejidad y polémica a la ya tensa campaña electoral. Su propuesta se enfoca en la estabilidad fiscal, la generación de empleo, la infraestructura productiva y el fortalecimiento del sector agropecuario, buscando proyectar una imagen de gestor eficiente frente a la inestabilidad política.

Salvador Nasralla: El Eterno Aspirante y la Frágil Alianza
Finalmente, Salvador Nasralla (1953), ingeniero civil y veterano presentador de televisión con más de cuatro décadas en los medios, emerge como el tercer contendiente de peso. En su cuarto intento por alcanzar la presidencia, Nasralla, ahora bajo las siglas del Partido Liberal, se ha erigido como un férreo opositor a la corrupción desde sus inicios políticos. Fundador del Partido Anticorrupción (PAC) en 2011, y luego del Salvador de Honduras (PSH) tras alegar el «robo» del primero, su trayectoria ha sido un vaivén de alianzas y rupturas. Si bien en 2021 se unió a la fórmula presidencial de Xiomara Castro para «sacar a la narcodictadura» de Juan Orlando Hernández, su experiencia como uno de los designados presidenciales (vicepresidente) fue efímera, dimitiendo en abril de 2024 tras «agrias confrontaciones» con la mandataria y su esposo. Ahora, buscando revitalizar a un Partido Liberal resquebrajado tras 16 años en la llanura, Nasralla propone atraer inversión, generar empleo, combatir la burocracia y modernizar infraestructuras. Su figura refleja la fragmentación de las fuerzas políticas hondureñas y la dificultad de consolidar un frente de oposición coherente.

La Sombra de Washington y el Legado de JOH
Las elecciones de 2025 no pueden desvincularse de dos factores de enorme peso: la inusual intervención del expresidente estadounidense Donald Trump y la reciente condena por narcotráfico de Juan Orlando Hernández. La explícita petición de Trump a los hondureños de votar por Asfura no solo representa una intromisión en los asuntos internos de un país soberano, sino que también polariza aún más el debate, importando retóricas de la política estadounidense al contexto centroamericano. Esta declaración subraya la histórica influencia de Washington en la región y el persistente uso de la narrativa de la «lucha contra el comunismo» para moldear resultados electorales.

Por otro lado, el fantasma de la «narcodictadura» de Hernández, cuya condena por delitos vinculados al tráfico de drogas marcó un hito en la lucha contra la impunidad, planea sobre el Partido Nacional y sus aspiraciones de retorno. El legado de corrupción y crimen organizado sigue siendo una herida abierta en la sociedad hondureña y un factor decisivo para muchos votantes.

Honduras se enfrenta así a una elección que definirá si consolida una alternativa de izquierda, si regresa a la órbita de los partidos tradicionales, o si busca una tercera vía en medio de la polarización y las injerencias externas. El desafío para el próximo gobierno será inmenso: reconstruir la confianza en las instituciones, combatir la corrupción endémica, superar la profunda desigualdad y garantizar un mínimo de estabilidad en un país que clama por un futuro de paz y prosperidad. Los ojos del continente, y particularmente los de un sector político estadounidense, estarán puestos sobre el conteo de votos, anticipando un resultado que, en cualquier escenario, promete repercusiones significativas.

La candidata presidencial hondureña Rixi Moncada, del partido de izquierda Libertad y Refundación (LIBRE), ofrece una conferencia de prensa en Tegucigalpa el 29 de noviembre de 2025. (Foto de Marvin RECINOS / AFP).

La candidata presidencial hondureña Rixi Moncada, del partido de izquierda Libertad y Refundación (LIBRE), ofrece una conferencia de prensa en Tegucigalpa el 29 de noviembre de 2025. (Foto de Marvin RECINOS / AFP).

El candidato presidencial hondureño y empresario Nasry Asfura, del Partido Nacional, habla durante su mitin de cierre de campaña en Tegucigalpa el 22 de noviembre de 2025. (Foto: EMILIO FLORES / AFP).

El candidato presidencial hondureño y empresario Nasry Asfura, del Partido Nacional, habla durante su mitin de cierre de campaña en Tegucigalpa el 22 de noviembre de 2025. (Foto: EMILIO FLORES / AFP).

El candidato presidencial hondureño por el opositor Partido Liberal, Salvador Nasralla, habla durante una conferencia de prensa en la sede de su partido en Tegucigalpa el 24 de noviembre de 2025. (Foto: Orlando SIERRA / AFP).

El candidato presidencial hondureño por el opositor Partido Liberal, Salvador Nasralla, habla durante una conferencia de prensa en la sede de su partido en Tegucigalpa el 24 de noviembre de 2025. (Foto: Orlando SIERRA / AFP).

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