Elecciones en Honduras : Urnas cierran con denuncias y conteo de alto riesgo
Tegucigalpa. Honduras ha concluido este domingo 30 de noviembre una jornada electoral trascendental, pero profundamente marcada por la tensión, las denuncias de irregularidades y una polarización que amenaza con prolongar la incertidumbre. Más de 6.5 millones de hondureños acudieron a las urnas entre las 7:00 a.m. y las 6:00 p.m., tal como lo estableció el Consejo Nacional Electoral (CNE), en un proceso que ha sido calificado desde el inicio como de alto riesgo para la estabilidad democrática del país centroamericano.
La jornada, observada de cerca por misiones internacionales, incluido un llamado de Estados Unidos a la OEA para exigir comicios sin injerencias, se desarrolló en medio de un clima enrarecido. Desde tempranas horas, se reportaron retrasos en la apertura de centros de votación y largas filas tanto a nivel nacional como en el extranjero, alimentando la preocupación sobre la eficiencia y transparencia del proceso. Estas incidencias se sumaron a un contexto preexistente de denuncias de posible fraude, que ha sembrado dudas sobre la legitimidad de los resultados que ahora empiezan a perfilarse.
La contienda presidencial ha configurado un escenario complejo con cuatro figuras principales. Rixi Moncada, candidata de Libertad y Refundación (izquierda), representa la continuidad del proyecto político del actual gobierno y de los expresidentes Manuel Zelaya y Xiomara Castro. En el flanco de la derecha tradicional, Nasry “Tito” Asfura, exalcalde de Tegucigalpa y empresario, ha buscado capitalizar el descontento con la gestión actual, incluso recibiendo el polémico respaldo del expresidente estadounidense Donald Trump, quien invocó la necesidad de «frenar al comunismo». Por su parte, Salvador Nasralla, una figura popular de la televisión y la ingeniería, se ha erigido como el abanderado de una propuesta anticorrupción, logrando sumar a su candidatura la declinación de Mario Rivera Callejas del Partido Democracia Cristiana. Finalmente, Nelson Ávila, del Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU-SD), ha ofrecido una visión reformista, con énfasis en la educación, la economía y el desarrollo social, destacando un plan para el empleo juvenil.
La polarización, un mal endémico en la política hondureña, ha sido palpable durante toda la campaña. Los sondeos previos al cierre de urnas, como la medición del Termómetro Electoral y la firma internacional Le Vote, sugerían un empate técnico o una muy ligera ventaja para Salvador Nasralla, seguido de cerca por Nasry Asfura. Este margen estrecho, en un electorado dividido, anticipa un desenlace impredecible y pone el foco en la capacidad del CNE para gestionar un conteo transparente y en la madurez de los actores políticos para aceptar los resultados, evitando la repetición de crisis post-electorales que han marcado la historia reciente del país.
La logística electoral también fue un punto de análisis. La obligación del sufragio, si bien busca una alta participación, contrasta con la exención de miembros activos de las fuerzas armadas y la policía, así como de personas con condenas firmes. Esta disposición, que busca preservar la imparcialidad de los cuerpos de seguridad, no está exenta de críticas sobre la representatividad de un padrón electoral que excluye a un sector significativo de la población. Además, la imposición de una Ley Seca a nivel nacional, vigente desde la mañana del sábado 29 hasta la tarde del lunes 1 de diciembre, subrayó la seriedad y la tensión con la que se abordaron estos comicios.
Con el cierre de las urnas, Honduras entra en una fase crítica. El conteo de votos no solo determinará al próximo presidente, a los diputados y a las autoridades municipales, sino que pondrá a prueba la solidez de sus instituciones democráticas. La comunidad internacional y, sobre todo, el pueblo hondureño, esperan que la transparencia prime en este delicado proceso, disipando las sombras de la incertidumbre y las acusaciones de fraude que han opacado una de las citas electorales más importantes de su historia reciente. El futuro político de Honduras pende de un hilo, y la gestión de esta transición será fundamental para evitar un recrudecimiento de las tensiones sociales y políticas.
