César Acuña: Entre la defensa de un hermano prófugo y sus aspiraciones presidenciales para 2026

692ce1a008cce269e901477c.jpg

En un complejo entramado que vuelve a difuminar las líneas entre la esfera judicial y la política, César Acuña Peralta, el influyente líder de Alianza para el Progreso (APP), ha irrumpido públicamente en una vehemente defensa de su hermano Óscar Acuña, quien actualmente se encuentra prófugo de la justicia. La situación de Óscar Acuña se enmarca en la investigación fiscal por el presunto caso de corrupción conocido como Frigoinca, con implicaciones en el programa social Qali Warma. Esta posición, asumida por Acuña en un momento en que se perfila como un potencial candidato para las Elecciones Generales de 2026, proyecta una sombra de crítica sobre su discurso y sus aspiraciones.

Desde la vitrina política, el exgobernador regional de La Libertad ha calificado la investigación contra su hermano como «injusta», sugiriendo una orquestación maliciosa detrás del proceso. «La investigación que le están haciendo es injusta», afirmó Acuña, atribuyendo las imputaciones a un intento premeditado de «desprestigiar su imagen y sacarlo de la contienda política». Esta narrativa de victimización, sin embargo, debe ser contextualizada en un país donde las denuncias de corrupción son una constante en la vida pública y donde la presunción de inocencia no exime de investigación a ningún ciudadano.

La gravedad de la situación radica en que Óscar Acuña es un prófugo de la justicia, evadiendo una orden de detención preliminar dictada por el Ministerio Público. Pese a ello, César Acuña ha declarado que insisten para que su hermano se someta a la justicia «sin ser enviado a prisión». «Estamos buscando que sea investigado en libertad», manifestó el líder de APP, aludiendo a la condición de discapacidad de su hermano al señalar que «no camina solo, es minusválido». Esta solicitud, dirigida a las autoridades en nombre de un individuo que no se ha puesto a derecho, genera un serio cuestionamiento sobre la aplicación del principio de igualdad ante la ley y las condiciones que rodean la ejecución de las órdenes judiciales.

No es la primera vez que Acuña Peralta se ve envuelto en controversias que intersectan lo legal y lo político, ni que atribuye las acusaciones a campañas de desprestigio. «En 2016, inventaron que Acuña era violador, lo cual no es cierto; todos los días era Acuña. En la segunda campaña, cuando fue la reelección, inventaron que Acuña era narcotraficante», recordó. Sin embargo, su mención de que en 2016 «se rumoró que yo había plagiado mi tesis en la Complutense» ignora una realidad distinta: la acusación de plagio no fue un mero rumor, sino una controversia ampliamente documentada y con implicaciones académicas y políticas directas, que incluso puso en jaque su candidatura presidencial de ese año.

En un intento de reafirmar su idoneidad para la presidencia, Acuña recurrió a su trayectoria en la gestión pública. «Me he preparado y tengo experiencia a nivel local. Como alcalde de Trujillo, cambié Trujillo y ahí están los resultados. No ha venido otro alcalde que haya hecho más por Trujillo que yo», enfatizó, destacando además una inversión de más de 15 mil millones de soles durante su gestión como gobernador de La Libertad. Con la mira puesta en 2026, el líder de APP proyecta la imagen de un partido y un candidato «preparado para gobernar», con la esperanza de que el 12 de abril (en referencia a una fecha electoral) los peruanos les den la oportunidad de servir con «trabajo y experiencia».

Finalmente, Acuña no desaprovechó la oportunidad para criticar la situación de expresidentes como Martín Vizcarra y Pedro Castillo, quienes enfrentan condenas o procesos judiciales. «Nunca más debe haber un presidente preso. Es inconcebible que ahora todos los presidentes estén en prisión por corrupción y que no hayan sabido rodearse de gente capaz para gobernar el Perú», sentenció. Aunque su reflexión sobre la crisis institucional es pertinente, esta declaración podría ser interpretada como una búsqueda de externalizar la culpa de la corrupción en la política, desviando la atención de las responsabilidades individuales hacia la incapacidad de rodearse de «gente capaz», una justificación que, a menudo, obvia las fallas intrínsecas del sistema y de los propios liderazgos.

La defensa pública de un hermano prófugo por corrupción, en un mismo discurso que proclama aspiraciones presidenciales y critica la corrupción generalizada, revela las contradicciones y complejidades de la política peruana. La ciudadanía observará con atención cómo este nuevo episodio se desenvuelve, sopesando las palabras del líder de APP frente a los hechos judiciales que rodean a su familia, en la antesala de un nuevo proceso electoral.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *